En el invierno de 1786, Bethoveen visitó Viena y conoció a Mozart. En una ocasión dijo así a alguno de sus amigos: "Escuchen a este joven; no le pierdan de vista porque alguna vez hará ruido en el mundo". Y no se equivocó...
Ahora somos potencia, y lo que tenga que ser, será. Somos gerundio y lo seguiremos siendo, y con ese "andando" llegaremos lejos. Es inevitable pensar en el mañana, y yo contemplo algo grandioso en el destino de nuestro viaje.
Seremos acto después de haber hecho los preparativos, estudiado los mapas, seleccionado las rutas, aprendido las lenguas, recorrido los senderos, reconocido los relatos de otros viajeros, compartido otras vidas con sus miserias y grandezas, y no nos quedará más que disfrutar el momento hermoso y solitario del arribo al interior de la casa magna. Será tiempo para el reposo y la contemplación ensimismada y los sentidos alerta, para interiorizar otras moradas, para habitar otros mundos en el mismo mundo.
Será el instante mágico de la transferencia: de la mirada de asombro y admiración ante la majestuosa belleza de la piedra viva, la serena penumbra, la luz irisada del siempre atardecer; del olor de todos los olores en ese aroma que mezcla incienso y almizcle, cera y humo, barniz y madera, humedad y humanidad antigua y siempre renovada. Paso corto y quedo, mano insignificante que se alarga y encoge; sintiendo así, en las extremidades sobrecogidas, el frío de lápidas, columnas e imágenes marmóreas, sobre la cabeza o bajo los pies. Y al tiempo, la extraña sensación a los costados de una intensa calidez, la de siglos de sudor y esfuerzo, anhelos y fatigas, esperanzas y quebrantos, dolor y risas, recato y sensualidad, austeridad y boato, saberes e ignorancias ancestrales, revelaciones y ocultismos, genialidad y mezquindad, civilización y barbarie.
Viviremos escasos y sagrados segundos en la vida en que se producirá una hecatombe pacífica, una conversión violenta ante la belleza y la verdad al desnudo, al encuentro con la poesía. Será la hora del humilde silencio, de la escucha generosa, del oído atento a ecos milenarios que resuenan y a una voz nueva que nos hablará, …y el que tenga oídos para oír que oiga.
Orgullosa de hallarme donde estoy, y de haberles encontrado.
sábado, 11 de octubre de 2008
Nuestra Ítaca...
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Greek
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viernes, 29 de agosto de 2008
Precisamente
Lo preciso no es vencer,
lo imperioso es no rendirse,
no detener el impulso del corazón
y caminar aunque duela.
Construir lo que diseñan los sueños,
lo deseable,
y sonreír mientras lo hacemos..
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Pasos..
Las costumbres pesan sobre la columna, las leyes son de hierro; barrotes forjados para retener el deseo. Los países son mentiras para limitarnos, la economía es el feudalismo de la democracia, la ciudad en la arquitectura del miedo.
No hay pasado mejor, no hay futuro inmediato, el presente no existe y el tiempo procede del miedo a no estar dentro de la historia. Pero podemos estar en la historia sin dejar huella en los libros, sabiendo estar en el mundo.
Coleccionando secuelas del siglo XX, todavía y siempre queda un espacio y un instante para la esperanza. Ese hilo que nos mantiene cercanos en la distancia, que a través de una memoria creativa nos trae el calor del aliado, de aquél que cubre nuestra espalda en la batalla, aquél que, bajo un pacto silencioso, sigue caminando a nuestra vera.
Unos sobre el escenario haciendo florecer nuevos espacios, otros con la cámara haciendo viajar los espacios por ondas. Aquél mostrando la belleza de lo invisible; él curando la ceguera de la señora justicia; ella convirtiendo los campos de golf en el lugar de los marginados; ellos viajando a los templos del olvido; nosotros compartiendo la barra del bar de la frontera; vosotros sudando entre sábanas pintadas por Eros; tú, leyendo lo que el otro escribe; yo, imaginando los momentos que nos escribieron, reinventando los momentos que nos quedan, entre caladas cómplices a punto de esbozar esta sonrisa que te hace reír, a un segundo de que la palabra rompa en carcajada...
Mañana me espera otra derrota, sin duda. Pero seguiré caminando...
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Will 'dixit'
Decía William Shakespeare que para escalar una gran montaña, es imperioso comenzar con un pequeño paso, y ese paso debe premiar un segundo, y éste un tercero. Utopía es un proyecto interminable que marca la vida del huésped, ése que deja la habitación como la encontró y que la abandona dejando un poema y una rosa sobre la almohada.
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miércoles, 20 de agosto de 2008
Palabras líquidas
¿Necesitas de mí?
¿Sí?
Pues entonces no hay nada perdido, está mañana por venir, limpiando el ayer, creando el hoy. Amaneciendo está otra oportunidad. Y mientras, sigo, sigues, estamos. No 300 espartanos, sino 30.000.000 de ciudadanos...
Cayó Persia; también Roma, España y Francia. Caerán los nuevos como cayeron los viejos ante los sueños colectivos que parió el sentido común.
Y volveremos a compartir la barra de un bar, palabras líquidas conducirán nuestras vidas al encuentro, al reencuentro, al amigo. Aunque distantes, nunca solos, luchamos por estar todos, y por estar juntos.
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Resaca..
Orfeo saluda sin entusiasmo a la vida...
Camina tanteando una duda.
Camina mientras cruza una y otra sonrisa con los mortales que avanzan como cangrejos al principio universal.
Orfeo busca su lira y, al no hallarla, bien se sirve de sus labios.
Tararea y rocía frescas lágrimas sobre el verdor de la botella.
Bebe y sueña; da vueltas sobre la sonrisa; danza en la intimidad de un trozo de mundo; se desconoce hasta que se escribe.
Es una palabra esdrújula.
Sin zapatos, deja huellas blancas mientras descubre la sal en los tobillos.
Bebe y recupera el sabor de otros labios; bebe y saborea el recuerdo y el calor; bebe y pone nombre al deseo.
Escribe y la describe; escribe y la encuentra; escribe y la escucha.
La convierte en el Todavía de Benedetti.
Y Orfeo la tiene dentro.
Se escucha, está, camina y bebe bajo una aurora de nuevas palabras.
Despierta la siniestra y vuelve a manchar de azul la nieve arrugada de su libreta. En el parque pasean desconocidos, tranquilos, con sus vidas entre los labios.
Trazos y grafos viajan y el pasado se mezcla como el vino en el paladar; y la cámara se aleja, suavemente…
Orfeo sigue, cada vez más pequeño, recordando la historia de los que se fueron, respirando la de los que están, soñando la de los que vienen y…
Otro trago.
La tierra mareada no tolera el alcohol.
Se sumerge siempre sin consciencia en la oscuridad del universo; se topa con la incandescencia del sol y hasta éste se apaga entre luciérnagas de leche.
El poeta tiene amigos hasta en el silencio.
La imagen de una bolsa de plástico suspendida a un ápice de que la partitura florezca en la mente del observador, la miel como textura del deseo, la curva praxiteliana hablando de versos en azul, Cervantes y Shakespeare tomando un trago, un cayuco con jacuzzi, una guerra de barro, Alicia atravesando el espejo del miedo, un fauno sobre el escenario de Epidauro, un río marrón con delfines rosados y un tablado flamenco hablando con las manos.
La imaginación es el arte de transformar a las parcas en tejedoras de sonrisas, de quebrar lo hierático en beso, de mutar el humo en ideas y las ideas en encuentros, de hacer del vacío sideral un espacio para lo festivo.
Alquimia, síntesis, enlace, viaje, camino que se hace sin huellas, huellas que recuerdan el camino, viento que se lleva la arena y las huellas, que limpia el camino. Imaginación que reinventa en sendero, amigos que lo comparten, palabras que lo señalizan, momentos que levantan silenciosos monumentos.
La nada hecha pedazos, la nada que se disipa en algo que roza los dedos de este amanecer prodigioso.
Están unos.
Otros traen su presencia desde el recuerdo.
Se llena la terraza de espectros alegres, las copas vuelan de mano a gaznate; la memoria prodigiosa que inventa un pasado como puro presente no es sino el fugitivo progreso del pasado royendo el futuro.
A decir verdad, toda percepción ya es memoria y todo beso es ya algo de historia. Desde un punto de vista yo soy el yo y tú eres el objeto.
Y, desde otro punto de vista, es al revés.
Nosotros, en consecuencia, vamos intercambiándonos el uno al otro.
El yo es el contenido de la relación y, al mismo tiempo, la relación en sí misma, o eso diría Hegel harto de Kant.
Vivimos la resaca como una enfermedad, pero y si la enfermedad fuera la abstinencia, la incapacidad de hacer realidad el deseo, la eterna condena del placer al fracaso de los templos de Zeus…
Y si la vida fuese nada más que eso, vida, tiempo, espacios, oportunidades, encuentros, fracasos y resaca, ¿ qué sería entonces la resaca ?
¿ Vida o sueño ?
¿ Salud o fracaso ?
¿ Victoria o adicción ?
Y si la amistad fuese la esencia del pacto entre humanos, ¿ qué sería del contrato y de sus leyes ?
¿ Tendría forma de letra, o tal vez de sonrisa ?
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