miércoles, 20 de agosto de 2008

Resaca..

Orfeo saluda sin entusiasmo a la vida...

Tan impregnado de ella, sólo percibe en el aplauso la cálida calima del deseo. Camina sin saber de la resaca, aún con el hermético hedor a ron en el hálito.
Camina tanteando una duda.
Camina mientras cruza una y otra sonrisa con los mortales que avanzan como cangrejos al principio universal.

Orfeo busca su lira y, al no hallarla, bien se sirve de sus labios.
Tararea y rocía frescas lágrimas sobre el verdor de la botella.
Bebe y sueña; da vueltas sobre la sonrisa; danza en la intimidad de un trozo de mundo; se desconoce hasta que se escribe.
Es una palabra esdrújula.
Sin zapatos, deja huellas blancas mientras descubre la sal en los tobillos.
Bebe y recupera el sabor de otros labios; bebe y saborea el recuerdo y el calor; bebe y pone nombre al deseo.
Escribe y la describe; escribe y la encuentra; escribe y la escucha.
La convierte en el Todavía de Benedetti.
Y Orfeo la tiene dentro.
Se escucha, está, camina y bebe bajo una aurora de nuevas palabras.
Despierta la siniestra y vuelve a manchar de azul la nieve arrugada de su libreta. En el parque pasean desconocidos, tranquilos, con sus vidas entre los labios.
Trazos y grafos viajan y el pasado se mezcla como el vino en el paladar; y la cámara se aleja, suavemente…
Orfeo sigue, cada vez más pequeño, recordando la historia de los que se fueron, respirando la de los que están, soñando la de los que vienen y…
Otro trago.
La tierra mareada no tolera el alcohol.
Se sumerge siempre sin consciencia en la oscuridad del universo; se topa con la incandescencia del sol y hasta éste se apaga entre luciérnagas de leche.
El poeta tiene amigos hasta en el silencio.
La imagen de una bolsa de plástico suspendida a un ápice de que la partitura florezca en la mente del observador, la miel como textura del deseo, la curva praxiteliana hablando de versos en azul, Cervantes y Shakespeare tomando un trago, un cayuco con jacuzzi, una guerra de barro, Alicia atravesando el espejo del miedo, un fauno sobre el escenario de Epidauro, un río marrón con delfines rosados y un tablado flamenco hablando con las manos.
La imaginación es el arte de transformar a las parcas en tejedoras de sonrisas, de quebrar lo hierático en beso, de mutar el humo en ideas y las ideas en encuentros, de hacer del vacío sideral un espacio para lo festivo.
Alquimia, síntesis, enlace, viaje, camino que se hace sin huellas, huellas que recuerdan el camino, viento que se lleva la arena y las huellas, que limpia el camino. Imaginación que reinventa en sendero, amigos que lo comparten, palabras que lo señalizan, momentos que levantan silenciosos monumentos.
La nada hecha pedazos, la nada que se disipa en algo que roza los dedos de este amanecer prodigioso.

Están unos.
Otros traen su presencia desde el recuerdo.
Se llena la terraza de espectros alegres, las copas vuelan de mano a gaznate; la memoria prodigiosa que inventa un pasado como puro presente no es sino el fugitivo progreso del pasado royendo el futuro.
A decir verdad, toda percepción ya es memoria y todo beso es ya algo de historia. Desde un punto de vista yo soy el yo y tú eres el objeto.
Y, desde otro punto de vista, es al revés.
Nosotros, en consecuencia, vamos intercambiándonos el uno al otro.
El yo es el contenido de la relación y, al mismo tiempo, la relación en sí misma, o eso diría Hegel harto de Kant.
Vivimos la resaca como una enfermedad, pero y si la enfermedad fuera la abstinencia, la incapacidad de hacer realidad el deseo, la eterna condena del placer al fracaso de los templos de Zeus…
Y si la vida fuese nada más que eso, vida, tiempo, espacios, oportunidades, encuentros, fracasos y resaca, ¿ qué sería entonces la resaca ?
¿ Vida o sueño ?
¿ Salud o fracaso ?
¿ Victoria o adicción ?
Y si la amistad fuese la esencia del pacto entre humanos, ¿ qué sería del contrato y de sus leyes ?
¿ Tendría forma de letra, o tal vez de sonrisa ?

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