sábado, 11 de octubre de 2008

Nuestra Ítaca...

En el invierno de 1786, Bethoveen visitó Viena y conoció a Mozart. En una ocasión dijo así a alguno de sus amigos: "Escuchen a este joven; no le pierdan de vista porque alguna vez hará ruido en el mundo". Y no se equivocó...
Ahora somos potencia, y lo que tenga que ser, será. Somos gerundio y lo seguiremos siendo, y con ese "andando" llegaremos lejos. Es inevitable pensar en el mañana, y yo contemplo algo grandioso en el destino de nuestro viaje.


Seremos acto después de haber hecho los preparativos, estudiado los mapas, seleccionado las rutas, aprendido las lenguas, recorrido los senderos, reconocido los relatos de otros viajeros, compartido otras vidas con sus miserias y grandezas, y no nos quedará más que disfrutar el momento hermoso y solitario del arribo al interior de la casa magna. Será tiempo para el reposo y la contemplación ensimismada y los sentidos alerta, para interiorizar otras moradas, para habitar otros mundos en el mismo mundo.

Será el instante mágico de la transferencia: de la mirada de asombro y admiración ante la majestuosa belleza de la piedra viva, la serena penumbra, la luz irisada del siempre atardecer; del olor de todos los olores en ese aroma que mezcla incienso y almizcle, cera y humo, barniz y madera, humedad y humanidad antigua y siempre renovada. Paso corto y quedo, mano insignificante que se alarga y encoge; sintiendo así, en las extremidades sobrecogidas, el frío de lápidas, columnas e imágenes marmóreas, sobre la cabeza o bajo los pies. Y al tiempo, la extraña sensación a los costados de una intensa calidez, la de siglos de sudor y esfuerzo, anhelos y fatigas, esperanzas y quebrantos, dolor y risas, recato y sensualidad, austeridad y boato, saberes e ignorancias ancestrales, revelaciones y ocultismos, genialidad y mezquindad, civilización y barbarie.

Viviremos escasos y sagrados segundos en la vida en que se producirá una hecatombe pacífica, una conversión violenta ante la belleza y la verdad al desnudo, al encuentro con la poesía. Será la hora del humilde silencio, de la escucha generosa, del oído atento a ecos milenarios que resuenan y a una voz nueva que nos hablará, …y el que tenga oídos para oír que oiga.

Orgullosa de hallarme donde estoy, y de haberles encontrado.

7 comentarios:

H dijo...

Que sensación tan buena la de estar rodeado de tus semejantes... y cómo sorprende sentirla con gente nueva, verdad? :)

Que pequeño gran mundo este...

Glugluglú!

H.

Anónimo dijo...

q profuuuuuuuuuuundo nos ponemos a veces...

Anónimo dijo...

Un aplauso, de repentino asombro casi prestó confusión a un predicador hindú. Dios! Ariadna, mañana nombraré tu candidatura vitalicia para nuestra clase. Llevaré un machete por si desafían políticas, o se levantan guerreando... La ventana se está malgastando...

Safo dijo...

que genial la musical solemnidad que tomaron tus palabras, y que placer el sentimiento de empatía que despiertan.
que suelten amarras, y que zarpen, que el destino está por escribir

Sofía dijo...

Esto suena como a vida refrescante...
Hola Ariandna!

Anónimo dijo...

libro ya!! ;D

Anónimo dijo...

Si no actualizas, este blog se autodestruirá en 3,2,1...titititititititititititi....BOOOOOOOOOOOOOOOMMMMM
Actualiza ya guachufla xD